Así estamos

Así estamos. Con las manos asidas a la baranda del día que no deja de bramar, de contar sus números nefastos siempre en rojo y finitos, como si fuesen de una deuda ajena.

Con la esperanza minada de insectos sin nombre, con el alma en vilo entre lectura y lectura, entre noticia y noticia y siempre esperando algo. En la boca del túnel inconexo que nos lleva del miedo al estupor en cuestión de segundos.

Encrucijada en medio de la nada con las señales borradas por el tiempo y sus secuaces. Con las trillas ya perdidas en el monte, maquilladas cual líneas de un mandala irrepetible y que ocupa su lugar inamovible entre las sienes.

Perdido y confeso. Abrupto y obtuso y sin embargo despierto en el medio del cuadro, con los cuatro puntos cardinales ofreciendo dudosos caminos desandados. Yo me advierto cundido de hastío, quebrado de certezas y agudo en desventuras.

me descubro en compañía de miles pero con la mirada anclada en un punto ciego a solo un centímetro de mi nariz, con el puño amarrado al paso del que marcha a mi lado la misma ruina gótica y sin música. Larga marcha desafinada por un compás ambidiestro y todos buscando un norte propio, efímero, irrelevante y difuso.

Me sueño liberado del asco, del retortijón diario del alma, de la mentira con patas que rompe cada mañana el cascarón del día que revienta.

Me sueño con las manos llenas de buenos augurios, de serpentinas inéditas, de gestos sin esfuerzo, de la amabilidad del que cede el paso al olvido y se reconcilia con el sordo quehacer de la ola que todo lo arrasa.

Me reconozco efímero, soñador a destajo y dispuesto a estar sobretodo muy presente el día del encuentro.

Así estamos.

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